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Recientemente el Ayuntamiento de Valencia y el IVVSA (Instituto Valenciano de la Vivienda) han cedido a PROAVA la gestión y acondicionamiento de la primera bodega encontrada en la Comunidad Valenciana. Es una construcción del S.XIII – el celler agrícola valencià -que pertenecía a una antigua casa señorial en la que hay evidencias de elaboración de vino y almacenamiento del mismo y así como de cereales. Esta construcción ubicada junto a la Sede social de PROAVA pretende ser un punto de referencia desde el cual se promocionen nuestros productos a lo largo de todo el año dado el interés que ha generado su hallazgo durante estos últimos años.

El hallazgo de estos restos se produjo de manera casual a finales de los años 90, cuando se demolieron algunas viviendas de la zona y se excavó para construir los garajes y cimientos de 21 viviendas de VPO.

El ‘celler’ se encontraba en el sótano de una casa agraria a la que se accedía a través de una empinada escalerilla por lo que hoy es la calle Baja, en aquellos tiempos fuera de las murallasque rodeaban la ciudad. Estamos hablando de la antigua muralla árabe, ya que la cristiana no se construyó hasta un siglo más tarde, impulsada por el rey Pedro el Ceremonioso.

 

 

La bodega más antigua de Valencia  

Posiblemente hemos paseado decenas de veces por los alrededores de la calle Baja y de la plaza del Árbol de Valencia sin percatarnos de un gran tesoro escondido: los restos de la bodega más antigua de la ciudad. Se trata de un ‘celler’ (bodega en valenciano) que pertenecía a una casona agrícola señorial del siglo XIII, concretamente a años cercanos (y posteriores) a la conquista cristiana de la ciudad en 1238.

En esta bodega se almacenaba vino y se cree -aunque aún no se ha podido demostrar por completo- que también se pudo elaborar. De hecho, en la excavación se encontraron tinajas y quedan restos de cuatro depósitos situados a diferentes alturas para el filtrado y decantación de los vinos. Lo que no parece nada probable es que se comerciara con ellos. Serían vinos para el consumo propio de la familia propietaria y para intercambiar por otros productos. En este almacén también se guardarían aceite y cereales.

FUENTE: 5 Barricas 

 

 

Un barrio con historia 

En las inmediaciones del arrabal, el campo, en general cultivado, se acercaba al muro, que por la parte oeste y sur seguía el trazado de un brazo alternativo que el Turia utilizaba en sus ocasionales avenidas. En el siglo XIII probablemente había olivos, higueras y almendros, junto con viñedos y trigales, cerca de la ciudad amurallada. Valencia, por otra parte, estaba rodeada por una generosa vega huertana, que se beneficiaba del agua de las acequias: establecida ya por los romanos, los árabes mejoraron esa inteligente red de irrigación y ordenaron el uso del agua con normas rigurosas confiadas a un tribunal de acequieros. La de Rovella era la que servía las necesidades del área que hoy conocemos como barrio del Carmen.

SIGLO XIII: DECISIONES 

Una serie de decisiones de Jaime I y los conquistadores cristianos vinieron a cambiar muy pronto la fisonomía de esta parte de la ciudad. El actual barrio del Carmen, de ese modo, se verá poblado, en las siguientes décadas, por tres colectivos que son expulsados de la ciudad ocupada y repoblada.

La Morería: Los musulmanes que no han emprendido el exilio y se quedan en Valencia son reducidos a vivir en un recinto, la Morería, que se asienta entre las actuales calles de Quart y de la Corona. El arrabal musulmán estuvo en gran parte de lo que será luego la Misericordia, y su mezquita será la que posteriormente tome el nombre de iglesia de San Miguel.

El Burdel: La Mancebía o burdel de la ciudad, llamada en valenciano “el partit” o “la pobla de les fembres pecadrius”, fue un barrio organizado, con recinto cerrado y puertas de acceso custodiadas, que se ubicó entre la orilla del Turia y las actuales calles de la Corona, Sogueros y Salvador Giner. En la Edad Media tuvo fama por ser uno de los más poblados y concurridos del Mediterráneo. Previamente, había tenido otro emplazamiento menor (“Pobla Vella”), entre las actuales plazas del Árbol y del Carmen.

Los Caldereros: El tercer colectivo en ser excluido de la ciudad amurallada, en este caso por el ruido que genera su actividad, fue el de los Caldereros. Toda la artesanía que llamaremos “pesada”, cerrajeros y herreros incluida, se ubica en las inmediaciones de la calle Baja, llamada antiguamente de la Calderería Vella, para concentrarse más tarde en las inmediaciones de la calle de Caballeros, donde subsiste el nombre en una pequeña calle.

El alfòndec: Jaime I confirmó, y puso bajo su propiedad y custodia, un alfòndec o fondec. Una fonda para viajeros, un lugar para comer y dormir, con caballerizas y almacén de mercancías, dotado de un servicio de rango oficial con custodia garantizada. Según todos los testimonios, estuvo en la divisoria de las calles Alta y Baja, en la actual plaza de Sant Jaume, y formó parte de la Morería. Muy cerca ha funcionado hasta nuestra época el Mesón de Morella, cuya estructura se conserva y que prestó parecido servicio en tiempos posteriores. Las calles Alta y Baja se llamaron en época foral Alta y Baixa del Alfòndec y tuvieron sus primeros tramos embebidos en el recinto reservado a los moriscos.

Agua y oficios: Los gremios medievales aprovechan el caudal de las grandes acequias urbanas para las demandas de agua de sus oficios. La zona del Carmen, regada por la gran acequia de Rovella, permitió alfarerías y tintorería en la calle de la Corona. La puerta de La Corona fue llamada también “Dels Tints”. El blanqueo y adobo de pieles (Blanqueríes) se ubica en la orilla del río. Cerca estarán los guanteros, zapateros y todos cuantos usan o transforman pieles. Caldereros, herreros y cerrajeros son oficios con fragua que, si tienen un buen caudal de agua, pueden hacer mover sus batanes. El suelo no ocupado por el Burdel y la Morería termina por caracterizarse como un barrio de artesanos y de oficios.

SIGLO XIV: LA MURALLA CRISTIANA

La muralla cristiana, levantada a partir de 1356 a causa de la guerra con Castilla, vino a  albergar barrios ya muy poblados en el exterior de la muralla musulmana. Y en el área que nos concierne, un territorio casi ocupado por completo, aunque con frecuencia salpicado de grandes “horts”, extensos huertos urbanos. La nueva muralla, que desde el portal de Quart sube por la actual Guillén de Castro hasta la puerta de la Corona o Dels Tints, siguió por lo que hoy es el IVAM (hay restos en el subterráneo) y por la fachada del río Turia hasta el Portal Nou, enfrentado al puente de San José. La siguiente puerta fue la de Serranos.

SIGLO XV: EL REFERENTE

En ese momento, el Convento del Carmen, de carmelitas calzados, ha comenzado a crecer sobre una parte del viejo arrabal dels Roters. Con el paso del tiempo, se consolidará como el gran referente de todo un barrio. El conjunto cambiará a partir del siglo XV, cuando sea asaltada la Morería, se dificulte la convivencia y los musulmanes sean empujados fuera de la ciudad amurallada. Pueblos y alquerías serán el destino de los moriscos, hasta la expulsión definitiva de 1609. La mezquita se transforma en Iglesia de san Miguel, junto a la que una reciente excavación ha dado con enterramientos musulmanes. También desaparecerá de la zona el Burdel, primero, y más tarde las industrias molestas, tanto las blanquerías y las tenerías como los caldereros.

SIGLO XVI: LA LLEGADA DE LA NOBLEZA

 En el siglo XVI, erradicada la presencia musulmana, pese a que sigue existiendo una presencia notable de caldereros en la calle Baja, va produciéndose una transformación paulatina. Sin perder la vocación gremial, El Carmen irá siendo lugar donde se levantan casas nobles y palacios. La calle de Caballeros, eje notable de la ciudad, llama a la presencia de edificios distinguidos de otras familias en lugares de menos ostentación.

 

SIGLO XVII: LA HORA DE LOS CONVENTOS

La construcción de comunidades religiosas será característica del siglo XVII en toda la ciudad y también en El Carmen. El convento de la Corona (hoy Beneficencia), el de Carmelitas (Santa Úrsula), el de San José y el de la Santa Cruz, se unen al del Carmen, de notable presencia en ese tiempo. La Casa Misericordia usará el suelo de la antigua Morería. Parte del burdel se convertirá en el Huerto de Sogueros, una propiedad gremial que necesita espacio para el trenzado de sus cordajes. Esa época es de gran vitalidad para las alfarerías del barrio, ubicadas en las calle de San Ramón y de la Corona.

SIGLO XVIII: LOS OFICIOS SOSTIENEN EL BARRIO.

 Mientras el gremio textil da esplendor al barrio de Velluters, el Carmen sobrevive gracias a otros pequeños oficios, más modestos y de carácter familiar. Hay carpinteros y pasamaneros, hay abaniqueros, tallistas y pintores. Es un mundo fabril pequeño pero activo, donde el negocio pasa de padres a hijos, con el oficio. El trabajo se ejerce en una vivienda donde en ocasiones la familia vive en una naya sobre el taller. Sigue el proceso de ubicación de casas nobles, como la del Intendente Pineda. Llega a su esplendor el palacio de Mosén Sorell, que será víctima de un incendio posteriormente.

SIGLO XIX: LAS INSTITUCIONES DE BENEFICENCIA.

El siglo XIX se caracteriza, en El Carmen, tanto por los efectos de la Desamortización, que dejan despoblados conventos que pasan a manos públicas, como por la construcción de instalaciones de beneficencia. Durante esa centuria nace la Beneficencia, el Asilo del Marqués de Campo y el de San Juan Bautista (hoy Universidad Católica). Cuando se derriba la muralla (1866) se levanta el salón de Racionistas en suelo que fue del Carmen, con fachada a Blanquerías. Parte del huerto del Carmen se construye y nace la casa de los Benlliure. El convento Carmen será dedicado a Escuela de Bellas Artes y a Museo provincial de pinturas. La Academia de San Carlos también se ubicará en ese conjunto. Con aire higienista nacerán calles enteras, expresamente abiertas sobre el suelo que fue del viejo burdel, como la de Na Jordana. También se regularizan las líneas de las calle de Ripalda y Sogueros, fruto del uso del suelo de las antiguas instalaciones gremiales. Los pequeños artesanos progresan y dan nacimiento a no pocos talleres, donde trabajan reducidos grupos de operarios.

SIGLO XX: ABANDONO, DETERIORO Y RECUPERACIÓN.

Ya en el siglo XX, el barrio del Carmen verá nacer el mercado de Mosén Sorell y comenzará a esbozarse la avenida del Oeste, destinada a ensanchar la vía de penetración por la parte del puente de San José. En el año 1957, sin embargo, cuando empiecen a proyectarse expropiaciones y derribos, habrá una fuerte reacción contra el proyecto de hacer avanzar la avenida del Oeste hacia El Carmen, sobre la típica calle de la Bolsería. El proyecto se detendrá, aunque dejará edificios de seis y ocho alturas, alineadas a los nuevos planes urbanísticos, en Na Jordana o la propia calle Baja.

La riada castigó duramente el barrio y sus construcciones más frágiles. Cayeron varias casas en la calle Alta y en otros muchos rincones. El barrio, que se puso de moda durante la transición, comenzó a sufrir un grave deterioro, con caída de edificios casi semanales. Curiosamente, la degradación casi fue en paralelo con el uso del barrio por los grupos más jóvenes, que pusieron de moda un modelo alternativo de vida. La iniciativa del Plan Riva, de reconstrucción y reutilización, surtió algunos efectos a lo largo de no menos de veinte años. De ese modo, el barrio se convirtió en una zona de moda, donde el problema comenzó a ser el del abuso de ruido y de instalaciones de ocio.

Celler Agrícola de Proava 

Bodega del siglo XIII

Calle Baja, nº 29 (46003) Valencia

(34) 963 92 44 63

proava@proava.org

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